Este apartamento en cedritos no siempre estuvo en silencio. Durante años fue el escenario de risas infantiles, tareas en la mesa del comedor y conversaciones interminables en la cocina cerrada, donde el olor del café marcaba el inicio de cada mañana. Aquí vivió una familia con hijas que crecieron entre estas cuatro habitaciones, siendo testigo de sueños, posters en las paredes y secretos compartidos.
La sala fue punto de encuentro. Allí se celebraron cumpleaños y reuniones familiares. Desde el cuarto piso, la vida transcurría con calma, protegida por la tranquilidad de un edificio con seguridad 24 horas, ascensor y la certeza de llegar siempre a casa con paz.
Con los años un día se fueron vestidas de blanco, dejando atrás un hogar lleno de recuerdos y gratitud. Se cumplió su misión cobijar, acompañar y ver partir.
Hoy, este apto se abre de nuevo para recibir a otra familia que quiera escribir su propia historia.
Esta vez, la historia puede ser la tuya.